Esto es fútbol
Crónica del partido Holanda - Chile (Brasil, 2014)
Marco (Cuadernos azules) escribió un texto muy lindo sobre Francia 98 y me hizo pensar en lo mucho que me gusta leer textos en épocas de Mundial, especialmente si esos textos son escritos desde Latinoamérica (tenemos un sazón, batería y reggaetón especial sobre el fútbol).
Mi Mundial más feliz fue Brasil 2014. No solamente por lo obvio -Costa Rica llegando a cuartos de final- sino porque además fue un Mundial que viví lejos de casa y me vi en la obligación de adoptar patrias. Mi corazón latió y lloró por Chile, por Colombia, por Brasil y por Argentina ese año.
Coincidió además con que estaba haciendo un posgrado en periodismo cultural y para todas mis clases de crónica me enfoqué en el fútbol.
Busqué el par de textos que creo rescatables y decidí que se los voy a compartir en estos días por acá, para que queden en una casita permanente más bonita que un folder de mi Google Drive.
Por respeto a mí misma de 22 años, decidí que no voy a editarlos. Hay cosas que hoy jamás escribiría así, el estilo lo siento muy ajeno y además hay recursos medios polos que son muy de esa era de mi vida en la que aún creía que iba a ser periodista. Los siento formales y veo demasiado el ojo de mis profesores encima de estos textos para hacerlos “más objetivos”.
Pero también, los leo y me da ternura que veo cosillas que aún hoy son parte de mi escritura: unos intentillos de humor, unos asomos de poesía, un traslape de la cotidianidad al texto y unas experimentaciones con las repeticiones tipo mantra.
Te quiero mucho Veritito del 2014. Gracias por irte a estudiar una picha que jamás ejerciste pero que te formó para siempre.
PD. Estos textos fueron escritos para un proyecto chileno, por lo tanto, tienen jerga chilensis. Ah y Holanda aún se llamaba Holanda, y cuando escribí esto Tim Krul no se había vuelto nuestro enemigo. Aún.
Jara, siempre Jara, como dice el narrador del 13. Jara, siempre Jara es el que patea. Patea. Aguantamos la respiración. Nuestros corazones se detienen por un microsegundo, si es que eso es posible. Sí, sí es posible. Esto es fútbol.
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El desenlace aún no lo sabemos. Hoy lo que sabemos es que Chile juega contra Holanda. Sabemos que Chile le ganó a Australia. Sabemos que Chile devolvió cabizbajos a los conquistadores y campeones españoles a su continente.
Yo sé algunas otras cosas. Sé que hace menos de una semana grité como loca en Plaza Italia celebrando el gane de Chile. Sé que el anuncio de los mineros del Banco de Chile es exageradísimo, pero en secreto me eriza la piel. Sé que mi bandera no es chilena, pero ¿qué importa?
También sé que La Piojera es el lugar en el que debo estar hoy.
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La Piojera. Es 1922. Al presidente Arturo Alessandri Palma, sus amigos le invitan unos tragos. Llega, ve el estrecho túnel de entrada. Se sienta en los taburetes de madera, probablemente esterilizados con chicha. Ve a sus amigos desconcertado y exclama: “¿A esta piojera me han traído?”.
A La Piojera me llevaron una semana después de haber llegado a Chile. Me fascinó. La Piojera es la combinación perfecta de antro de mala perdición, baños insalubres y restaurante familiar. Y así y todo es uno de los lugares más snob de Santiago.
Si bebe para olvidar pague antes de tomar
En algún momento de la historia, en la fachada de La Piojera decía “El palacio popular”. No le encuentro mejor descripción. El bar es tan viejo como la historia misma y tiene sus puertas abiertas desde 1896.
Se solía llamar Restaurante Santiago Antiguo. Me alegro de que le hayan cambiado el nombre; nadie querría visitar un lugar con un título tan aburrido.
Del techo cuelgan cables con cientos de banderas de Chile. La Piojera es un digno representante de la cultura guachaca, ésa que en quechua significa ser pobre pero que desde hace unos años se transformó en una revalorización del ser chileno.
Guevee, pero con respeto
¿Se puede ser más chileno?
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Son las 11:30 a.m. Llegué media hora antes, porque sé que este lugar estará lleno.
La puerta está cerrada.
¿Está cerrada La Piojera?
La puerta del establecimiento 1030 está cerrada.
“Abren al tiro”, me dice un señor con una bufanda de Chile.
Al tiro empiezan los gritos. Faltan cinco minutos para que inicie el partido y estamos sobrios afuera del bar.
-“Ganamos 2 a 0”.
-“1-0. No exageremos”.
Aquí estamos todos, esperando. Estoy yo, y está el hombre de la bufanda y un grupo escandaloso de gringas que están descubriendo la pasión de vivir el fútbol en un país latinoamericano, en donde, de paso, se llama fútbol y no soccer. Están dos hombres de unos 60 años y hay un grupo de jóvenes chilenos.
-“Ya po cabro abre”.
-“Ya po que tengo sed”.
Abren las puertas. Nos obligan a hacer una fila. Dejan entrar solo a los que van a almorzar.
¿Almorzar? Yo quiero ver el partido. De dos en dos van dejando pasar a la gente a La Piojera. Esta simulación de orden me parece graciosa: el guarda, el hombre de la bufanda, las gringas, los chilenos y yo sabemos que en cuanto inicie el partido y el licor empiece a correr no habrá orden que valga.
Pero seguimos en la fila. Tal vez estoy esperando para entrar a un club exclusivo y secreto del centro de Santiago.
No. Desde aquí puedo oler el pipeño. Esto es La Piojera.
***
-Atención chilenos de corazón…
(Al hombre de bufanda parece que se le va a explotar una vena de la cabeza mientras incita a los demás a gritar)
-¡¡¡CHI!!!
-¡¡¡Chi!!!
(Las gringas gritan casi más fuerte que los demás)
-¡¡¡LE!!!
-¡¡¡Le!!!
-¡¡¡Chi Chi Chi Le Le Le!!!
(Los meseros se olvidaron de seguir sirviendo)
¡Viva Chile!
(Yo no soy chilena de corazón pero ya me sé este cántico de guerra)
***
Ya va a empezar el partido. Quienes pueden se acomodan en mesas y ordenan comida. Chorrillanas, papas fritas y bifes a lo pobre empiezan a rondar por las pequeñas mesas de madera. Huele a grasa.
Ni siquiera intento buscar dónde sentarme. La Piojera es un lugar para estar de pie. Encuentro un rinconcito cerca de la barra y pienso que no saldré de aquí sin tener la mitad del vino en las suelas de mis botas.
Suena el himno de Chile. El mesero que atiende detrás de la barra –un hombre colorado que parece haber vivido tanto como La Piojera misma- canta como si estuviera en el estadio, y en Brasil.
Por unos segundos el mundo deja de existir. Son esos once jugadores y casi 18 millones de chilenos, y los 100 que estamos en La Piojera. El mesero tiene lágrimas en sus ojos.
La FIFA, como siempre, corta el himno. Los 11, y los 18 millones y los 100 seguimos cantando.
Que o la tumba serás de los libres,
O el asilo contra la opresión.
O el asilo contra la opresión.
Me dan ganas de recordarles que Holanda nunca los ha oprimido. No directamente al menos. Pero la historia aquí no tiene importancia. Le ganaron a España. Son titanes. Tienen sed de lucha. Esto es fútbol.
El árbitro pita. El hombre de la bufanda de Chile se persigna. Esto es fútbol. Esto es Latinoamérica.
***
Vamos Chilito lindo.
No cabe un alma más, pero siguen llegando almas. Es lunes, laboral, a mediodía. ¿Estas almas no trabajan?
-Yo trabajo en GASCO, pedí el día libre para poder venir y no me lo dieron.
-Entonces, ¿qué hizo?
-Vine.
El hombre de la bufanda de Chile prefiere no darme su nombre porque está escapado. Vino a La Piojera solo, pero no para estar solo. Los meseros son sus amigos. Los de la barra son sus amigos. Yo soy su amiga.
Conchetumare.
-Disculpa si echo garabatos, pero estoy ya…
Haaaay arqueroooo.
Chile está jugando bien. Muy bien. No hay goles.
-¿De ónde erí tu?
-Costa Rica.
-¿Costa Rica? Puuucha que han hecho buen mundial ustedes. (Al barman) ¡Hey, hey! Tráigale una bebida que ella es de Costa Rica. ¿Hai visto que buen equipo tienen?
Ser costarricense nunca me había traído tanto reconocimiento internacional.
Quiero un terremoto.
***
Si yo pudiera exportaría los terremotos a los bares de Costa Rica y sé que me haría millonaria. Hasta puedo imaginar las cantinitas de mala muerte de San José vendiendo terremotos como si no hubiera un mañana.
Pero en Costa Rica no tenemos pipeño, ni tenemos de este Fernet, ni tenemos pisco. Mi brillante idea no tendrá éxito.
Todo esto lo pienso mientras llevo una hora luchando en contra del olor a pipeño y lo pegajoso del jarabe de granadina en la barra.
Huele a pipeño. Huele a Fernet. Huele a fermentación. Huele a borracho. Huele a terremoto. Huele a La Piojera.
No hay goles. Hay terremotos.
Un vaso: Pipeño, Fernet, jarabe de granadina y una pelota de helado de piña.
El terremoto es rojo, es dulce, es un poco amargo, es delicioso. Es mortal.
La clave para que la experiencia del terremoto sea un éxito es que un tercio quede en la barra mientras el mesero lo prepara, otro tercio en las manos mientras se lucha con el helado de piña y otro, en las suelas de los zapatos para que queden pegajosas.
Un terremoto mata, dos terremotos aniquilan y tres terremotos fulminan.
No hay otro trago tan malvado en el mundo.
***
Chile ha perdido varios goles.
Los chilenos están estresados.
Las gringas están divirtiéndose. Están más identificadas con bufandas, poleras y gorros de Chile que los mismos chilenos.
Yo al menos me puse un polerón rojo para camuflarme. Mis uñas están pintadas de blanco rojo y azul. Por Costa Rica, pero eso nadie tiene que saberlo. Hoy soy chilena en La Piojera y entono el cántico de guerra:
Chi Chi Chi Le Le Le ¡Viva Chile!
Estamos en la segunda mitad del partido y no hay goles. No hay goles. No hay goles.
Gooooooooooooool
Holanda. Minuto 77. No hay terremoto que valga.
El hombre de la bufanda de Chile se despide de mí y me dice que ya no puede seguir viendo. Tiene que regresar a su trabajo. La Piojera no es tan divertida cuando Chile va perdiendo.
La tristeza no es tan profunda porque de todas maneras Chile está clasificado en los octavos de final. Porque le ganaron a España. ¿Se acuerdan amigos, que le ganaron a España? Son titanes, esto es fútbol.
Gooooooooooooool
Holanda. Minuto 92. No hay terremoto que valga.
Hay un silencio sepulcral. Me llega un mensaje. Es mi mamá. Está triste porque Chile perdió. Yo también.
Reviso Twitter y leo un tuit desde Costa Rica que dice: “Estos chilenos con su empuje mapuche son mis héroes latinoamericanos”.
Los héroes latinoamericanos. Chile, Costa Rica, Colombia, México. Nos clavamos en los octavos de final venciendo a Australia, España, Italia, Croacia, Brasil. Los grandes. Los opresores.
Holanda es solo una piedrita en el zapato.
Atención chilenos de corazón…
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Jara, siempre Jara. El microinfarto se convierte en depresión cuando el palo derecho detiene la ilusión de un país entero. La ilusión de una región. La ilusión de un continente. La ilusión de una costarricense que se sintió en casa, si es que eso es posible. Sí, sí es posible. Esto es fútbol.



